En la Residencia Joaquín Rosillo sabemos que no hay nada que despierte más sonrisas y buenos recuerdos que el olor a dulce recién horneado. Por eso, nuestras cocinas se han llenado de harina, rodillos y, sobre todo, mucho cariño.
Nuestros residentes se han convertido en maestros reposteros por un día en un taller de galletas muy especial. Junto a nuestro increíble equipo de cocina, hemos compartido una jornada entre fogones donde la experiencia de nuestros mayores y el buen hacer de nuestras cocineras se han fusionado a la perfección.
Más allá de las deliciosas galletas que degustamos después en la merienda, lo más valioso ha sido el proceso: amasar juntos, dar formas creativas y compartir anécdotas de las recetas de toda la vida. Actividades como esta no solo estimulan los sentidos y la motricidad, sino que refuerzan el sentimiento de comunidad y nos hacen sentir como lo que somos: una gran familia.









